
El martes por primera vez preparé fideos caseros. Yo, que cocino prácticamente todos los días de mi vida y que siempre estoy probando recetas e ingredientes nuevos, nunca había preparado pastas. Me sentía intimidada por todo el trabajo que imaginaba debía requerir estirar esa masa bien finita y después cortarla en tiras del mismo grosor.
Hace un par de años le comenté a mi amiga italiana Laura Lucchin que tenía ganas de hacer ravioles por lo que estaba tratando de conseguir alguna máquina como la Pastalinda. Laura, que en ese momento estaba estudiando en Buenos Aires, me dijo que es su casa, cerca de Milán, tenían montones de esas maquinitas, que en su país las vendían por todas partes, en ferias, en puestos callejeros, y que seguro tenían una de sobra para darme.
Al mes siguiente su hermano llegó desde Italia para visitarla y trajo en la valija la famosa maquinita marca Atlas, que desembarcó en mis manos envuelta dentro de una bolsa de felpa roja con la inscripción "J.P Tod's, by expert shoemakers".
Laura volvió a Italia, desde donde empezó a colaborar para e diario El País de España, y posteriormente se mudó a Berlín junto a su novio, el arquitecto Pietro. Desde allí escribe crónicas sobre la actualidad alemana que ahora también salen publicadas aquí, en Argentina, en la sección Exterior del diario La Nación. Todo eso y mucho más ha sucedido en la vida de Laura en estos cuatro años, mientas la maquinita de pastas que recorrió tantos kilómetros permaneció estática, con sus rodillos sin rodar siquiera una vez en suelo argentino.
Así que finalmente el martes pasado decidí saldar las cuentas con ella. Primero debí recordar a dónde había ido a parar. La encontré en el fondo de un placard, aún protegida por la bolsa de felpa rojo, esperando salir a sobar, estirar, o cortar alguna masa.
Lo más curioso fue que no resultó nada difícil, ni complicado, ni engorroso hacer fideos, excepto por un detalle: mi pequeña hija veía a la máquina de pastas como un irresisitible jueguete. Cada cinco minutos quería darle vueltas a la manijita, pero ni bien intentaba hacerla girar se quedaba con ella en la mano. Entonces había que volver a encastrarla, y así y así. Terminamos con un poco de harina, pero fue divertido.
Quizás la sangre
tana que corre por mis venas haya tenido algo que ver. Mi abuela paterna preparaba pastas caseras, aunque no tengo recuerdos de ella amasando, salvo por los relatos de papá.
Parece que cuando él era chico mi abuela era famosa por sus cappelletis rellenos con jamón del diablo. Para hacerlos, estiraba la masa sobre la mesada hasta que quedaba bien finita. Ese era el momento en el que mi padre entraba en acción, con una copa dada vuela en la mano, que le servía para cortar los pequeños círculos de masa que luego mi abuela rellenaba y cerraba a mano, uno por uno.

Como su receta no llegó a mis manos, tuve que salir a preguntar y averigüé que existen varias formas para hacer pasta. La más común es 100 gramos de harina por cada huevo. Otras recetas indican utilizar solamente yemas, lo que hace la más sabrosa pero más difícil de manejar. Les paso una receta intermedia, que sirve tanto para fideos como para pastas rellenas. Aunque ustedes pueden hacer la que más les guste.
Para 4 0 5 porciones
400. grs. de harina, aproximadamente
2 huevos enteros
6 yemas
½ cda. de sal
1 cda. de aceite de oliva
2 0 3 cds. de aguaSobre la mesada de la cocina, armar una corona con dos tercios de la harina. En el medio colocar los huevos, el aceite y la sal, previamente mezclada con el agua. Empezar a integrar los ingredientes y agregar la harina restante de a poco, porque si falta, siempre se puede agregar, pero si se pasan con la cantidad de harina es más difícil revertir la situación.
Amasar el bollo hasta que la masa esté lisa y no se pegue a las manos. Dejar descansar en la heladera, durante media hora, envuelto en papel film. Recién entonces dividir la masa en cuatro, y estirar cada parte con palote, hasta que quede de aproximadamente de dos milímetros de espesor, en forma rectangular. Siempre espolvoreando harina para que sea más fácil estirarla.
La otra opción es pasar cada bollo por la máquina de pastas, empezando por la medida de mayor apertura de los rodillos. Pasar todos los bollos por cada medida, espolvoreando con harina en cada pasada, hasta llegar al espesor deseado (yo use el ante último),
Cortas los fideos, ya sea con el accesorio de la máquina, o con un cuchillo. En este caso doblar la masa desde dos de sus lados hacia el centro, como si fuera una palmerita. Cortar con cuchillo tratando de que salgan todas las cintas del mismo grosor.
Dejar orear un rato, colados de la secadora de pasta o estirados con un poco de harina sobre la mesada.
Cocinar en abundante agua hirviendo con sal durante unos 4 minutos. Servir con la salsa que más les guste.