lunes, 28 de junio de 2010

Cheesecake


Fotos: Mercedes Monti
Un clásico. En este caso, una versión cocida y bien densa. En la lista de recetas especifico queso Philadelphia porque para mí es así como queda más rica y con el sabor original. Pero si no lo encuentran, o se les va de presupuesto, pueden intentarlo con algún otro queso crema lo más parecido posible .
La receta es una adaptación de otra de Nigella Lawson que lleva el título de London Cheescake, y que por arriba, en lugar de una salsa de frutas, luce una capa de crema ácida, un lácteo que no se consigue Argentina.

1 paquete de galletitas Vocación, o similar
80 grs. de manteca
450 grs. de queso Philadelphia
150 grs. de queso crema
3 huevos
3 yemas
1 taza + 2 cucharadas de azúcar
1 cda. de esencia de vainilla
1 cda. de jugo de limón o lima

Moler las galletitas en una procesadora, picadora, o a mano, y luego mezclarlas con la manteca, previamente derretida.
Acomodar esta mezcla sobre la base, y el comienzo de las paredes de una tortera desmontable de 26 centímetros de diámetro. Presionar la mezcla con las manos para que quede bien compacta. Llevar al freezer hasta el momento de usar.
Encender el horno a temperatura muy baja.
Verter en un bowl el queso Philadelphia, el queso crema, los huevos, las yemas, el azúcar, la esencia de vainilla y el jugo de limón. Mezclar todo hasta que quede completamente integrado. Para lograr esto y que no quede ningún grumo de queso philadelphia, lo mejor es tener todos los ingredientes a temperatura ambiente. Sino quizás sea necesiten usar la batidora eléctrica para terminar de unir todo en forma homogénea.
Retirar la tartera del freezer y rellenar con la mezcla de queso. Llevar a horno muy, muy bajo por aproximadamente 40 minutos. Ni bien el relleno esté firme, está lista. Si se pasa puede quedar un poco seca.
Dejar enfriar a temperatura ambiente y luego en la heladera por un par de horas. Servir sola, acompañada de frutos rojos frescos o de salsa de frutillas o frambuesas.

domingo, 20 de junio de 2010

Fideos caseros


El martes por primera vez preparé fideos caseros. Yo, que cocino prácticamente todos los días de mi vida y que siempre estoy probando recetas e ingredientes nuevos, nunca había preparado pastas. Me sentía intimidada por todo el trabajo que imaginaba debía requerir estirar esa masa bien finita y después cortarla en tiras del mismo grosor.
Hace un par de años le comenté a mi amiga italiana Laura Lucchin que tenía ganas de hacer ravioles por lo que estaba tratando de conseguir alguna máquina como la Pastalinda. Laura, que en ese momento estaba estudiando en Buenos Aires, me dijo que es su casa, cerca de Milán, tenían montones de esas maquinitas, que en su país las vendían por todas partes, en ferias, en puestos callejeros, y que seguro tenían una de sobra para darme.
Al mes siguiente su hermano llegó desde Italia para visitarla y trajo en la valija la famosa maquinita marca Atlas, que desembarcó en mis manos envuelta dentro de una bolsa de felpa roja con la inscripción "J.P Tod's, by expert shoemakers".
Laura volvió a Italia, desde donde empezó a colaborar para e diario El País de España, y posteriormente se mudó a Berlín junto a su novio, el arquitecto Pietro. Desde allí escribe crónicas sobre la actualidad alemana que ahora también salen publicadas aquí, en Argentina, en la sección Exterior del diario La Nación. Todo eso y mucho más ha sucedido en la vida de Laura en estos cuatro años, mientas la maquinita de pastas que recorrió tantos kilómetros permaneció estática, con sus rodillos sin rodar siquiera una vez en suelo argentino.
Así que finalmente el martes pasado decidí saldar las cuentas con ella. Primero debí recordar a dónde había ido a parar. La encontré en el fondo de un placard, aún protegida por la bolsa de felpa rojo, esperando salir a sobar, estirar, o cortar alguna masa.
Lo más curioso fue que no resultó nada difícil, ni complicado, ni engorroso hacer fideos, excepto por un detalle: mi pequeña hija veía a la máquina de pastas como un irresisitible jueguete. Cada cinco minutos quería darle vueltas a la manijita, pero ni bien intentaba hacerla girar se quedaba con ella en la mano. Entonces había que volver a encastrarla, y así y así. Terminamos con un poco de harina, pero fue divertido.
Quizás la sangre tana que corre por mis venas haya tenido algo que ver. Mi abuela paterna preparaba pastas caseras, aunque no tengo recuerdos de ella amasando, salvo por los relatos de papá.
Parece que cuando él era chico mi abuela era famosa por sus cappelletis rellenos con jamón del diablo. Para hacerlos, estiraba la masa sobre la mesada hasta que quedaba bien finita. Ese era el momento en el que mi padre entraba en acción, con una copa dada vuela en la mano, que le servía para cortar los pequeños círculos de masa que luego mi abuela rellenaba y cerraba a mano, uno por uno.

Como su receta no llegó a mis manos, tuve que salir a preguntar y averigüé que existen varias formas para hacer pasta. La más común es 100 gramos de harina por cada huevo. Otras recetas indican utilizar solamente yemas, lo que hace la más sabrosa pero más difícil de manejar. Les paso una receta intermedia, que sirve tanto para fideos como para pastas rellenas. Aunque ustedes pueden hacer la que más les guste.

Para 4 0 5 porciones
400. grs. de harina, aproximadamente
2 huevos enteros
6 yemas
½ cda. de sal
1 cda. de aceite de oliva
2 0 3 cds. de agua


Sobre la mesada de la cocina, armar una corona con dos tercios de la harina. En el medio colocar los huevos, el aceite y la sal, previamente mezclada con el agua. Empezar a integrar los ingredientes y agregar la harina restante de a poco, porque si falta, siempre se puede agregar, pero si se pasan con la cantidad de harina es más difícil revertir la situación.
Amasar el bollo hasta que la masa esté lisa y no se pegue a las manos. Dejar descansar en la heladera, durante media hora, envuelto en papel film. Recién entonces dividir la masa en cuatro, y estirar cada parte con palote, hasta que quede de aproximadamente de dos milímetros de espesor, en forma rectangular. Siempre espolvoreando harina para que sea más fácil estirarla.
La otra opción es pasar cada bollo por la máquina de pastas, empezando por la medida de mayor apertura de los rodillos. Pasar todos los bollos por cada medida, espolvoreando con harina en cada pasada, hasta llegar al espesor deseado (yo use el ante último),
Cortas los fideos, ya sea con el accesorio de la máquina, o con un cuchillo. En este caso doblar la masa desde dos de sus lados hacia el centro, como si fuera una palmerita. Cortar con cuchillo tratando de que salgan todas las cintas del mismo grosor.
Dejar orear un rato, colados de la secadora de pasta o estirados con un poco de harina sobre la mesada.
Cocinar en abundante agua hirviendo con sal durante unos 4 minutos. Servir con la salsa que más les guste.

miércoles, 16 de junio de 2010

Clásicos con atuendo renovado


Siguiendo con las ilustraciones, miren los diseños de esta colección de título clásicos creados por la inglesa Coralie Bickford-Smith para la editorial Penguin, que sin dudas embellecen cualquier biblioteca y dan un motivo más para comprar estos textos siempre vigentes.
¿Qué mejor bocado para acompañar un té en invierno que las páginas escritas por las hermanas Brontë, Louisa May Alcott, Jane Austen o Flaubert?

martes, 15 de junio de 2010

Carine Broncowitz


Entre de visita en el blog de Bunker 3022, el estudio que diseñó este blog, y me encontré con las imágenes de la ilustradora de origen francés Carine Brancowitz, realizadas en birome, lo que reduce a un par de colores la paleta de sus trabajos y le confiere un protagonismo estelar a ese azul tan característico de los bolígrafos.
Me costó seleccionar sólo cuatro de sus dibujos, pero traté de focalizarme en lo gastronómico. Si quieren deleitarse con más encuadres y texturas, entre a su página y verán el resto.






viernes, 4 de junio de 2010

Tartine


Fotos: las de platos, gentileza Tartine, las del lugar, Mercedes Monti.
Crêpes dulces y salados, huevos benedict, omelettes, tarines, quiches, sándwiches, y ensaladas son los platos que conforman la estructura de la carta de Tartine, un restaurant con espíritu francés, pero con ciertas intromisones internacionales y vernáculas.

Para la hora del té o el desayuno, pain au chocolat, croissant clásicas o con almendras, y una amplia variedad de panes, todos a la vista.
La vajilla floreada de Johnson Brothers le agrega un toque de calidez a este lugar ideado por Laura Pagani y Sebastián Alderete, que cuenta la presencia de Martín Anzón en la cocina.
Arevalo 1488, a la vuelta del Mercado de pulgas de Dorrego, zona frecuentada por mucha gente de la tv local. Tel. 4776-1389. Todos los días de 9 a 12. Los domingos de 11 a 14, brunch.

martes, 1 de junio de 2010

¿Qué come el mundo?

Lo lógico a la hora de comentar un libro sería terminar de leerlo por completo y recién entonces contar de qué se trata, pero no puedo aguantar las ganas de mostrarles Hungry Planet, what the world eats o Mundo hambriento, lo que come el mundo, una suerte de atlas de la alimentación mundial, editado en 2005.
Mediante textos y fotos, el reconocido fotógrafo Peter Menzel y su mujer, la escritora Faith D’Alusio, retratan a 30 familias de 24 países del mundo junto a los alimentos que consumen durante una semana con el propósito de echar un poco de luz sobre los grandes cambios que se están dando en la dieta global.
Muestran a familias de los cinco continentes cocinando, comiendo y comprando sus alimentos en orden de contar no sólo qué comen pero además cómo comen. Lo que inevitablemente evidencia que más allá de las tradiciones y de las materias primas que se encuentran en cada país, la dieta de la gente está regida por la riqueza y la pobreza, los conflictos políticos y la globalización.
Sólo con hojear un poco el libro y ver las fotos ya se vislumbra que por más que en el mundo hoy se produzcan alimentos para alimentar a la población mundial hay países que luchan contra el hambre y otros que deben aplicar políticas públicas contra la obesidad.
Fotos: Peter Menzel
Los Madsen de Cap Hope, Groenlandia.
Los Celik de Estambul, Turquía.

Los Natomo de Kouakourou, Mali.

Los Patkar de Ujjain, India.

Los Mendoza de Todos Santos, Guatemala.

Los Namgay de Shingkhey, Bhutan.
Los Brown de Riverview, Australia.

Los Melander de Bargteheide, Alemania.

Los Manzo de Sicilia, Italia.