
Ya estoy de vuelta en Buenos Aires. En este primer post tras mi regreso les quiero contar un poco lo que estuve probando en la costa uruguaya. En Punta del Este hay muchos lugares ricos para ir a comer, algunos de temporada y otros que abren todo el año, como el Parador
La Huella, que queda sobre la playa en el pueblo de José Ignacio. Ya es un clásico, perfecto para ir al mediodía y comer viendo el mar, pero también de noche tiene su encanto.

Los imperdibles para mí son las rabas, siempre crocantes, y la caipiroska con mucha lima. Eso sin contar el pan, que es la perdición - a mi hija la mantuvo entretenida durante todo el almuerzo- y lo llevan a la mesa acompañado de tres dips, o a la noche con manteca y aceite de oliva. La carta tiene muchas opciones, que van desde el sushi hasta el horno de barro. Hay alguna pesca del día o la m a la plancha, que se puede acompañar con verduras asadas o papas escarchadas.

Si van al mediodía y prefieren algo más liviano hay ensaladas o una mini tarta de cebollas gratindada con queso de cabra que a mi me encanta. Los postres no se quedan atrás, son famosos sus volcanes, tanto el de chocolate como el de dulce de leche, que viene acompañado con helado de banana.

Este año también se puede elegir una tarta tibia de duraznos y ciruelas, muy rica, o una mini Philadelphia cheescake con salsa de arándanos también muy recomendable. En general los platos son bastante simples y despojados. La gracia esta está en la calidad de los productos.
Es indispensable reservar. Como fui en diciembre la cantidad de gente era moderada, pero en enero explota. Yo creo que es preferible ir entre semana.
Fotos: la de más arriba, gentileza La Huella, el resto, Mercedes Monti para El tenedor rosa.